
A
lo largo de la historia, la humanidad ha demostrado constantemente su portento
al erigir civilizaciones, cimentar estructuras sociales, fundar organizaciones
y transformar el mundo mediante la cooperación y el esfuerzo en conjunto. La
mera aptitud intelectual no basta para alcanzar tales proezas, y el esfuerzo de
un único individuo tampoco ha demostrado ser lo suficiente como para mover los
engranajes de la civilización; el hombre se ha visto en la necesidad de volcar
sus talentos a través del tamiz de distintas disciplinas, procedimientos y
técnicas para conseguir transmutar sus esfuerzos individuales en verdaderas
hazañas colectivas.
Una
de las disciplinas más importantes de las que ha hecho uso el ser humano
durante la historia de la construcción de las sociedades es la administración.
Nacida a causa de la necesidad imperante de conducir y organizar los impulsos
de la humanidad por alcanzar sus objetivos, la administración se ha presentado
como una herramienta para planear, organizar, dirigir y controlar las
actividades humanas con el fin de aumentar la eficiencia y productividad de
dichas actividades mientras se hace el mejor empleo posible de los recursos
disponibles.
La
efectividad de la administración se hace evidente al observar el
perfeccionamiento alcanzado durante el proceso de coordinación del trabajo, y
los productos obtenidos como resultado de su aplicación. Para alcanzar este
grado de eficacia, es esencial que la administración cumpla con las cuatro
funciones básicas anteriormente mencionadas: planear, organizar, dirigir y
controlar.
El
proceso de planeación consiste en la determinación y establecimiento de los
objetivos que se desea alcanzar, las estrategias a seguir para llegar a ellos y
los recursos que pueden ser empleados para facilitar la tarea, así como la
consideración de los factores positivos o negativos que pueden o no intervenir
en dicho proceso, y el mejor modo de aprovecharlos o eludirlos.
El
proceso de organización se enfoca en la estratificación y ordenamiento de cada
recurso, posición, tarea y función con el fin de facilitar y maximizar la
fluidez de los procedimientos una vez han sido puestos en marcha con el fin de conquistar
las metas trazadas, cimentando efectivamente la estructura que hará las veces
de soporte dentro de cada proyecto a realizar.
La
dirección consiste en la conducción y subsecuente realización de los distintos
elementos establecidos durante la planeación para materializar los resultados
preestablecidos. La dirección está estrechamente relacionada con la toma de
decisiones y la delegación de responsabilidades; el entrelazamiento de las
distintas partes ordenadas durante el proceso de la organización resulta de
vital importancia para evitar cualquier clase de estancamiento durante la
dirección. Además, la dirección se encarga de engendrar soluciones a los múltiples
conflictos y las diferentes problemáticas que puedan presentarse a lo largo del
desempeño de las distintas tareas en cuestión.
Por
último, el proceso de control se encarga de la evaluación de los procedimientos
realizados durante los períodos de planeación, organización y dirección para
asegurarse de su eficiencia y eficacia. También corresponde al análisis de los
resultados obtenidos tras la concreción de los objetivos vislumbrados con
antelación, y a su posterior comparación con los parámetros óptimos que se
esperaba alcanzar, con el fin de mejorar el desempeño de las distintas
funcionalidades que hayan demostrado un nivel de rendimiento más bajo de lo
aceptable, en oportunidades futuras.
Cabe
destacar que, de manera subyacente, las distintas acciones o trámites que
permiten materializar los distintos peldaños que componen cada una de las
funciones básicas mencionadas son conocidas como gestiones. Las distintas gestiones
hacen uso de los recursos disponibles para la realización de la tarea deseada y
pueden variar ampliamente entre medidas, decisiones, estrategias o métodos
implementados durante el constante proceso de la administración. Visto de otro
modo, las gestiones son las piezas del gran rompecabezas armado por los
esfuerzos en conjunto de los miembros del equipo.
Como
puede observarse, la administración es indispensable para la consecución de
cualquier clase de meta prefijada por el hombre, en mayor o menor escala. No
obstante, se hace necesaria otra clase de actividad estratégica para
complementar la planeaciones, organizaciones y distribuciones de recursos
realizadas por la administración. Una actividad encargada de delegar funciones
y supervisar el desempeño del elemento humano. La actividad gerencial.
Efectivamente,
la gerencia se encarga de dirigir y orientar las distintas medidas establecidas
por la administración, marcando un rumbo claro y despejado para cada miembro de
la organización; por lo tanto, no debe resultar sorpresivo el hecho de que la
gerencia se enfoque de manera primordial en el proceso directivo de la
administración. Principalmente, el papel de la gerencia es el de motivar,
incentivar y alentar a los distintos miembros del equipo de trabajo para
extraer de ellos la mayor eficiencia y eficacia posible, pulimentando al máximo
los valores grupales de constancia, solidaridad, comunicación y productividad.
Estimulando un buen desempeño, se apunta a conseguir mejores resultados.
Además
de enfocarse en las acciones de liderazgo, la actividad gerencial también se
encarga del control sistemático y la organización de los recursos humanos, de
su capacitación y formación constante para que se desempeñen en el más alto
rendimiento posible (en constante combate contra la desactualización), y de la
resolución de cualquier clase de conflicto tanto individual como grupal que
pueda presentarse en el ambiente de trabajo, minimizando tanto como se pueda todo
impacto negativo inherente a ellos.
Finalmente,
el mayor objetivo de la gerencia es el de mantener un alto nivel de
productividad y aumentar constantemente la calidad del ejercicio laboral de los
distintos elementos que componen el equipo cuyos esfuerzos y afanes concretarán
la consecución de las metas deseadas. Una gerencia en plena funcionalidad
asegura la excelencia de los resultados que se persiguen, o se esfuerza cuando
menos por que el nivel del producto final se acerque tanto como sea posible a
dicha excelencia.
Como
puede apreciarse, mientras la administración se encarga de organizar y
distribuir de la manera más eficiente posible los recursos que serán empleados
para el logro de un fin determinado, la gerencia se encarga de maximizar la
cantidad y la calidad de las ganancias y los resultados de dicho proceso bajo
los medios que sean necesarios (generalmente incentivando al equipo de trabajo
y orientándolos a través del mejor camino posible). Ambas encarnan una dupla
que extrae los aspectos más positivos del ser humano como fuerza colectiva y
encausan todos los esfuerzos bajo la forma de una única punta de lanza que
acertará en el blanco deseado. Es por ello que ambas disciplinas son
perfectamente aplicables a cualquier clase de institución u organización, con o
sin ánimos de lucro, que se proponga cualquier clase de meta; por ejemplo, las
instituciones educativas.
La gerencia adaptada al ámbito educativo se encarga
de conducir las funciones y las tareas realizadas tanto en el área docente como
el área administrativa de la institución, en conjunción con la actividad
estudiantil, con el fin de transformar el entorno educativo en el contexto más
propicio posible para el desarrollo de las funciones pedagógicas, atendiendo y
esforzándose por subsanar siempre cualquier clase de necesidad socioeconómica que
amenace con presentarse.
Efectivamente, los conceptos planificadores y
organizativos de la administración en conjunto con las funciones delegativas y
orientadoras del liderazgo gerencial permiten que se atienda de manera precisa
y oportuna toda necesidad incipiente dentro de la institución, con los recursos
necesarios para solucionar los conflictos y problemáticas distribuidos
eficientemente, y la organización requerida para evitar todo obstáculo y
ralentización posible durante la resolución de los problemas.
Si bien en el ámbito empresarial se persigue siempre
una ganancia monetaria y el éxito de los resultados (de mayor o menor provecho)
se verá directamente vinculado a dicha ganancia, el sector educativo no carece
de su propia categoría de ganancia, la cual, si bien no monetaria, resulta
clara y concisa: la formación integral, humana e intelectual del alumno. Y tras
un óptimo rendimiento tanto docente como estudiantil gracias a los esfuerzos
tanto administrativos como gerenciales, es posible optimizar hasta su punto más
elevado dicho producto y promover de manera definitiva la formación del
estudiante ideal.
Como puede notarse, los beneficios de la gerencia
educativa son sumamente cuantiosos, y las desventajas completamente nulas. Después
de todo, y partiendo de la premisa de que un buen liderazgo es garantía de un
buen resultado, una buena gerencia educativa está forzosamente destinada a
provocar una mejoría notoria en el quehacer pedagógico y el ambiente
estudiantil.
- Elohim Flores.